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“Grammatical Psycho” presenta a un personaje que incapaz de soportar las incorrecciones lingüísticas asesina a los que comenten semejantes sacrilegios. Este es el primer cuento y el que da título al libro de Jorge Aristizábal Gáfaro. Es divertido, elocuente y delicado y, por desgracia, imposible de comprar en papel en España. Este descubrimiento me trae recuerdos sobre mi primera visita a la feria del libro más grande e importante del mundo: la que sucede en Frankfurt del Meno todos los octubres. La feria no solo me hizo descubrir a este escritor, sino también perderme y encontrarme con diversas experiencias en el transcurso de los días. Los tres primeros días estaba dedicada al mundo profesional del libro (editores, escritores, etc.) y el fin de semana, al público en general. Indecisa y con miedo de perderme lo mejor opté por asistir a ambas partes de la feria.

El primer día fui con intención de adquirir un programa para poder organizar mi visita, puesto que sabía que la feria era desmedida en espacio y en eventos (más de 4000 actos) y en Internet no había un folleto con toda la información. Tras agradecerle la confirmación de mi desorientación a la joven del mostrador, cogí un plano de los seis edificios con sus correspondientes pisos y sus conexiones, y me adentré a mi primer día de feria. Pasillos claros de suelo brillante, pasarelas y escaleras mecánicas, grandes ventanales, profesionales trajeados arrastrando negras maletas de mano y jóvenes ofreciéndote bolsas y suscripciones; así fue mi primera imagen, que podría ser la de un aeropuerto.

Los países invitados de 2016 fueron Holanda y la parte flamenca de Bélgica. En la sala que le dedicaron había una gran mesa rectangular con ilustradores que trabajaban en diferentes formatos, también había exposiciones de libros, nuevas ediciones, fotografías, etc. Pero, sin lugar a dudas, lo que más llamaba la atención fue una instalación, que recordando el paisaje marino de los países homenajeados, recreaba con un proyector y una tela traslúcida una playa que dejaba entrever la profundidad oceánica y el horizonte de estanterías de libros que se encontraban al otro lado del lienzo. Libros flamencos y holandeses de todas las temáticas traducidos al alemán se prestaban para ser curioseados en las estanterías tras la playa simulada. Así fue mi primera sorpresa: un océano de palabras en alemán. Hubiera sido diferente si mis conocimientos de alemán pasaran de saludar, brindar y pedir un bocadillo, pero la feria (internacional) está pensada para hablantes de alemán. De modo que, el resto de la visita fue tan sugestivo y frustrante como su primera sala: stands y stands llenos de libros, de ideas, de propuestas en una lengua que no domino. Era una playa de la que me han privado de su sonido.

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Los primeros días los pasillos eran más tranquilos y los stands se llenaban de gente comprando y vendiendo derechos, autores dispuestos a explicarte su proyecto y ver las posibilidades de expansión, conferencias con cócteles, etc. He de reconocer que después de unos cuantos pasillos tenía la impresión de haberme hecho una idea general. Sin embargo, el ambiente cambia totalmente durante los días abiertos al público: se llena de adolescentes disfrazados de personajes literarios con proyección fílmica (ej.: Alicia en el país de las maravillas) o diversos personajes manga. Los adolescentes hacían largas cola para conseguir la dedicatoria de un autor alemán del que yo ni había oído hablar (para que luego digan que los adolescentes no leen). Apenas se podía caminar.

La feria es al final el intento de que lo creativo sea rentable, es un mundo comercial y es evidente en todos de sus rincones. Ejemplo de ello son sus aseos, decorados con grandes carteles sobre las novedades editoriales. La feria, con una gran repercusión mediática, sirvió también para la política: debates, manifestaciones sobre la lucha por la libertad de expresión en Irán o stands en contra de los refugiados en Alemania.

Al final del día la información es excesiva y uno acaba agotado: los panfletos, la publicidad, las luces artificiales, el ruido. Tal vez por esta razón conocí a más gente del mundo del libro en el hostal; había escritores, traductores, encargados de prensa, editores, etc. Todos en Frankfurt, buscando el hostal más barato, cansados de la promoción por el día y deseosos de compartir el mundo libresco con una cerveza alemana en la mano. Y ellos me mostraron que en la feria hay infinitos puntos de vista, infinitas nacionalidades, infinitos motivos para ir a la feria de Frankfurt. Diría que es tan grande y diversa que intentar precisarla sería no comprender su dimensión, que no es siquiera una feria sino muchas que se suceden al mismo tiempo y esta es solo una de las infinitas crónicas que se podrían relatar.

Referencias:

http://www.buchmesse.de/en/

https://es.wikipedia.org/wiki/Feria_del_Libro_de_Fr%C3%A1ncfort

https://www.casadellibro.com/ebook-grammatical–psycho-ebook/9789588727776/2585060

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